Reflexiones de 0.5 céntimos de euro.

my wayLa verdad es que a pesar de que huele a fin de semana y un servidor está más atento a las siempre sanas y productivas fechorías que tiene pendiente de realizar que a otra cosa, mi mente se ha distraído un pelín y ha vuelto a las andadas. Esas que implican reflexión y análisis. ¡¡Qué osado¡¡

Llevo tiempo viendo las mismas imágenes, los mismos gestos y los mismos comportamientos pero hasta esta tarde no se me ha ocurrido presentarlos en sociedad.

¿Qué tienen en común un futbolista guapo, rico y buen jugador, un ricachón presuntuoso y alguien que hace ostentación de cargo, o  poder?

Varios adjetivos y sinónimos pueden definirlo con claridad. Unos más finos y elegantes otros más callejeros y mal sonantes.

Sí, se trata de la soberbia, la chulería, o como quieran llamarlo.

Y he puesto tres ejemplos clásicos en donde se puede ver más claramente ese pecado tan capital.

Pero sin ir tan lejos ni apuntar sólo a  aquellos que he citado, he observado que existen muchos individuos que son grandes imitadores.

Cuando digo que hay muchos quería decir que hay hordas, cientos, miles, ¡¡todos nosotros lo somos¡¡ Ah, muy bien, muy bonito, parece pues que es algo inherente al ser humano y no a unos pocos.

Esto se va complicando y lo que parecía algo sencillo de relatar a modo de anécdota y como preludio al fin de semana, puede acabar como el rosario de aquella señora. Meterme en temas de virtud o ausencia de ella es tocar el tuétano  filosófico e incluso psicológico y no tengo la maquinaria para ello  aunque  algo podemos decir.

Poco importa que vayan bien vestidos, que sean guapos o que cada vez que abran la boca suba el pan nuestro de cada día, todos tenemos un momento chulo piscinas que tira para atrás.

Pero esa chulería, si se lleva con honra, guasa e incluso buen humor, puede ser hasta necesaria. El problema es que se convierta en un modo de vida, en una identidad perpetua que condene al sujeto que la posee y al que la tiene que padecer.

Y digo padecer ya que es lo que nos toca cuando encontramos al individuo que no quiere desprenderse de esa vitola pestilente a “sobrao”. Si encima somos sujetos activos y receptores al mismo tiempo imagínense.

No entraré en  los  distintos grados de soberbia ya que hay tantos como personas, situaciones y épocas. Pero vamos, no se libra ni  la vecina del quinto, ni el estudiante universitario, ni el chaval que juega en un equipo de fútbol sala, ni el abuelo del parque,  ni el amigo de tu novia incluso ni tú ni yo.

Emulando al “amiguete”  Aristóteles me atreveré a recordar  una de sus máximas que viene que ni pintada para la ocasión y dice algo así tal que, debes tratar de ser virtuoso, o lo que es lo mismo, buscar el punto intermedio entre dos extremos, uno por defecto y otro por exceso.

Me temo que todos hemos pecado o pecaremos de prepotencia, soberbia y que tendríamos que procurarnos  una cura de humildad cada cierto tiempo pero tranquilos, el primer paso es el reconocimiento del problema, aunque me temo que la gran mayoría no está por la labor. ¿Que no? Tú no sabes quién soy yo ¿verdad?

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Acerca de Jose Minguell

Observador, reflexivo,apasionado de todo y aburrido en nada. He visto cosas que vosotros no creiríais....es hora de reflexionar, siempre lo ha sido pero ahora hay herramientas y motivos más que suficientes: Just do it.
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