EL SELFIE VIAJERO O LA INTRÍNSECA LEVEDAD DEL SER (I)

Selfie, ese término de moda que inunda las redes sociales y no tan sociales. Una acepción del “palabro” autorretrato de toda la vida pero que por esas cosas que sólo los entes inteligentes de vida extraterrestre saben, se ha popularizado hasta tal extremo que, si no haces un selfie allá donde vas, es como si no hubieras ido o estado.

Yo recuerdo que al visitar un lugar nuevo, merodeaba circundante por la zona, averiguando, imaginando a la persona o personas que pudieran haber participado en la construcción del monumento, edificación o simplemente a los antepasados lugareños, ilustres o no, que merodearon por aquellos lares. La imaginación volaba.

Hoy en día, y por experiencia lo digo, el plan es: llegar al sitio, buscar lo que parece más popular, hacerse una foto en la que aparezca alguna parte de nuestro cuerpo que todos puedan reconocer y que no altere el orden público y rápidamente colocarla en las redes sociales y casi siempre, marcharse sin más de la zona.

Pueden ustedes llamarme exagerado y nos les culpo por ello pero es que son muchos casos, demasiados, que estas retinas maltrechas, han podido registrar.

Eso no significa que sea malo hacerse un retrato sólo o acompañado en la zona por donde uno se encuentra, bien sea delante de un toro, cerca de algún personaje famoso o en pleno atraco, pero algo si que ha cambiado con respecto a hace unos años y es que el afán de exhibicionismo está provocando ya no sólo hacer las cosas para que los demás lo vean, o ponerse en peligro con tal de que otros puedan contemplar “que valientes somos” sino perder la esencia única e imborrable de ser nosotros mismos, el objetivo que retiene eternamente ese lugar, experiencia o viaje que hayamos realizado.

Debo reconocer que me he puesto sentimental y algo arcaico recordando las antiguas cámaras de carrete de toda la vida en las que el auto retrato era una utopía o quimera ya que se corría el riesgo de, no sólo aparecer de vaya usted saber qué guisa en el revelado de la foto sino que el carrete era muy caro como para hacer filigranas que tan sólo veríamos nosotros en el álbum del verano de 1990.

Para la siguiente me dejo otro tipo de selfie, no el viajero, el que nos erige como protagonistas y testigos de la zona sino el selfie por antonomasia, el metafísico, el difícil de entender incluso para los propios ejecutores. Y para muestra, un botón.

El menda en busca del sentido daguerrotípico.

El menda en busca del sentido daguerrotípico.

 

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Acerca de Jose Minguell

Observador, reflexivo,apasionado de todo y aburrido en nada. He visto cosas que vosotros no creiríais....es hora de reflexionar, siempre lo ha sido pero ahora hay herramientas y motivos más que suficientes: Just do it.
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