Veredas

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Déjame que diga vereda y no camino, y no por quitarle trascendencia ni importancia a esa alegoría de la vida tantas veces reflejada con ese termino, camino.

Vereda, sí, me apetece más en estos momentos  llamarla vereda y es que la encuentro más pastoril, bucólica e incluso mágica. Cuando oigo vereda me transporto de manera inmediata a esa senda, algo alejada del camino principal, ese del cual estamos tan acostumbrados y del que en la mayoría de ocasiones, seguimos, unas veces teniendo que expulsarnos el polvo de nuestros harapos, otras, quitándonos los zapatos para disfrutar de la calidez y frescura de su firme.

Pero la vereda es algo distinto, es una invitación a seguir un nuevo paso. Quizá por nuestra insaciable curiosidad, quizá por el hastío del camino principal o abrumados por su belleza, la vereda nos persuade para que iniciemos el transito hacía algo nuevo, distinto, quizá anhelando sueños incumplidos, quizá queriendo hacerlos realidad.

Una vez dentro, todo puede ocurrir. Puede que, con el paso de los kilómetros, no encuentres diferencia alguna comparándolo con el camino al que estás acostumbrado. Puede que decidas continuar de todas formas o dar marcha atrás. Puede que poco a poco, a pesar de no estar convencido del desvío, lo que allí ves, te va haciendo cambiar de parecer o incluso puede que necesites ayuda para salir de inmediato.

Pero en ocasiones, sucede algo irracional. Tu confianza es tan fuerte, que sabes que aquella vereda va a convertirse para siempre en algo inolvidable. Es tan ilógico que antes de entrar, ya sabes que saldrás con aquello que siempre has querido encontrar en toda vereda. Y no te engaña, no puede hacerlo, esta vez no. Y discurres por ella, te adentras en su corazón, en sus entrañas y captas su esencia y no quieres salir ¿ Para qué quiero hacerlo si así siempre tuvo que ser?

Pero te debes a tu camino. Se trata de una vereda, de una senda paralela que discurre por tu caminar diario, cotidiano, habitual.

Muchos anhelarán los segundos, minutos, años que discurrieron por esa senda, emulando a aquellos locos melancólicos que darían todo lo que les queda de vida por estar de nuevo allí.

Pero una cosa debo decirte y es que el secreto no está en anhelar tiempos pasados en los que la senda fue la opción que siempre soñaste.

No se trata de mirar con esa mezcla de tristeza y alegría aquellos momentos vividos mientras la recorrías. Tan sólo debes hacer de tu camino diario, ese que empolva tus vestiduras, ese que acaricia tus sentidos, una vereda diaria y darte cuenta que la puesta de sol es igual, en tu deseada vereda o en ese camino del que muchas veces andamos sin prestar atención a esos detalles que están donde nosotros queramos que estén.

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Acerca de Jose Minguell

Observador, reflexivo,apasionado de todo y aburrido en nada. He visto cosas que vosotros no creiríais....es hora de reflexionar, siempre lo ha sido pero ahora hay herramientas y motivos más que suficientes: Just do it.
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