El debate del estado de la nación o El Corral de la Pacheca

speaker-312596_640Pero que ven mis ojos, esos que Dios me ha dado y que sirven para contemplar la realidad más inmediata. Otra vez tenemos el debate sobre el estado de la nación. No quepo en mi gozo y la emoción me embarga.

Y no es que no me interese lo que sucede en éste país, más todo lo contrario, pero uno empieza a estar algo decepcionado con el comportamiento de algunos de esos que se hacen llamar representantes nuestros.

Espacios comunes en los que unos defienden sus bondades a toda costa, con independencia de su veracidad y otros arremeten mostrando las carencia de los que son portadores del bastón de mando, dejando por el camino las posibles bondades de sus adversarios. Eso es el debate que nos ocupa estos días.

Más de lo mismo, nada nuevo bajo el sol, pero está claro que vivimos en una época convulsa, en donde la crisis ha azotado con especial virulencia no sólo a los de siempre sino a aquellos que veían las barbas de su vecino remojar pero nunca las suyas.

La crispación se palpa en el ambiente hasta el punto de cortarse con cuchillo jamonero. Impregna el aire que respiramos en la calle, en los pasillos del Congreso, en mi habitación.

co-workers-294266_640Y el pasado Martes pude contemplar cómo las hojas de las navajas discurrían entre quiebros de cintura, como si se tratara de una reyerta de las de antaño, de solera y angustia. Las críticas se tornaban garrotazos bañados en bravuconería. El vaivén de tortazos con la mano abierta, no sólo chocaba en las faces de los que allí se peleaban sino en la de todo hijo de vecino que tenía que aguantar cómo algunos, a pesar de ser representantes de un país cuyo hedor a ciénaga asusta, encorbatados y engalanados, juegan al y tú más como si nada.

No quisiera entrar en rojos o azules, en izquierdas o  derechas sino en las actitudes y predisposiciones, en los modales y las imágenes.

Y perplejo me quedé cuando pude contemplar la tórrida arenga despechada del presidente del gobierno, tras la intervención de uno de sus principales adversarios.

Y es que a la hora de vender el producto, el presidente de esta país herido, cual trilero con sus cubiletes, comienza a enumerar las virtudes, acciones heroicas y demás actos patrióticos, ofreciendo una imagen del todo onírica del campo de batalla en el que estamos inmersos. Esta vez  no cuela, no me quiero creer que esta bicicleta con la rueda pinchada es una flamante motocicleta, esta vez no.

Por otro lado, cual padre cabreado por las malas acciones de su hijo, la oposición pretende hacer públicas todas y cada una de las malas acciones del gobierno, con más veracidad que maquillaje pero que tampoco entraría dentro del paradigma de idoneidad y realismo, más cuando pecan de lo mismo y  de la misma forma que ellos lo hacen.

Pero necesito coherencia y no desfachatez. Necesitamos humildad y no descaro, queremos que se nos trate con inteligencia y no como si fuésemos una sociedad más propia de la España profunda.

Una vez vendido el producto ante su público y  tras recibir vítores y aplausos de la cofradía a la que pertenecen, tocaba, como decía, la hora de escuchar verdades, de prestar atención a aquellos que no están a su favor o que simplemente no comulgan con su forma de hacer.

Pero hay mi querido Sancho que esos molinos parecen gigantes. Enfurecido y enojado cual caballero de la triste figura manchega, en lugar de aceptar las críticas y continuar tirando flores a los suyos, yelmo, espada y descaro se convierten en los compañeros de viaje en el turno de réplica del presidente de esta tierra de conejos.

index-315754_640Concatenaciones de palabras en las que tilda a su adversario de oponente que no está a la altura,  o caricias lingüísticas como decir que no da la talla como presidente de la formación a la que representa y autenticas declaraciones  de amor tales que” yo me lo tomo a usted bastante más en serio que muchos de los suyos” llenaron espacios faltos de poesía.

Y sin duda la joya de la corona, el soneto perfecto, la piedra filosofal de todo discurso democrático y ético propios de un estado de derecho:”No vuelva usted aquí a decir nada. Ha sido patético”

Al leer estas palabras, si es que alguien tiene la paciencia de hacerlo, no quiero que mi estimado lector piense que defiendo a unos y critico a los otros. Véanme como ese justiciero con capa y leotardos de saldo al que, a diferencia de esos ricos poseedores de gadgets y coches para atrapar a los malos, mi única arma es la palabra y mi único poder el intentar ser justo. Aunque no les voy a engañar, necesito proyectar mi perplejidad por doquier y a falta de espacio infinito, buenos son píxeles.

El respeto es algo que siempre debería mantenerse. Los animales lo practican, nosotros los practicamos y poco importa la clase social a la que uno pertenezca. Es algo esencial y sobre todo es algo que deben  ejercer aquellos que son referencia para muchos: padres, jefes y por su puesto, presidentes de la nación.

Tildar de patético, un adjetivo del todo peyorativo, cargado de mensaje y de ninguneo, no está nada bien, más cuando se alza el dedo y se vocifera con energía y chulería. Pero rectificar es de sabios y que mejor manera que pedir perdón que decirle al ofendido que no da la talla como presidente de la oposición y que sólo él, adalid del buen gusto y educación, se toma en serio lo que dice.

Y es que por suerte, el pasado está ya escrito y la memoria no es pétrea y de manera ipsofacta éste ciudadano se ha transportado en el tiempo, sin escalas ni indecisiones y ha recordado situaciones en las que el caballero de la triste figura practicaba con el ejemplo.

aggression-487274_640Aún recuerdo cómo en 2002, el hoy presidente del gobierno, por aquél entonces vicepresidente, ante el accidente del petrolero Prestige que vertió 67.000 toneladas de crudo al mar, convirtiéndose así en el mayor accidente medio ambiental que ha sufrido España, comentaba por entonces que “no se trata de ninguna marea negra, se trataba sólo de manchas muy localizadas”

Pasado unos días y viendo la magnitud del desastre afirmaba, en referencia al vertido: “ son unos pequeños hilillos que se han visto, cuatro regueros que se han solidificado con aspecto de plastilina en estiramiento vertical”

Continuando con mi viaje al pasado y  sin hacer mucho esfuerzo, recuerdo las comparecencias por parte del presidente del gobierno a través de un televisor, imposibilitando ejercer el derecho de los periodistas a preguntar y ofreciendo una imagen poco cercana y humana.

Y mi memoria continuaría viajando, parándose por momentos en los que los presuntos sobres y no tan presuntos mensajes de ánimo a presuntos estafadores, que formaban parte del partido que preside, pululaban a su alrededor cual trinar de ruiseñor en primavera.

Tras esto me pregunto, ¿ alguien que usa con alegría el término patético para referirse a los demás, es consciente de que sus actos pueden estar bañados en ese  patetismo hasta las trancas?

Y lo que  más grave me parece, tanto que me da pavor y me recuerda a tiempos pasados en la que la libertad era un bien escaso, ha sido escucharle decir, sin pelos en la lengua “No vuelva usted aquí a decir nada”.

¿No vuelva, déjeme? ¿ No vuelva para que pueda estar más tranquilo? ¿No venga para exponer las cosas que pudiera estar haciendo mal? ¿No vuelva para intentar arreglar la situación en la que estamos todos inmersos?¿No venga para hablar  por aquellos a los que representan ustedes? ¿No vuelva, déjenos a nuestras anchas que sólo nosotros sabemos cómo manejar la situación?

Sinceramente y ahora que nadie nos lee, creo que si alguien hace honor al termino patético no son los demás.

Mi querido Sancho, ladran, luego nos ven, luego cabalgamos.

 

Fuente fotos: http://www.pixabay.com

 

 

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Acerca de Jose Minguell

Observador, reflexivo,apasionado de todo y aburrido en nada. He visto cosas que vosotros no creiríais....es hora de reflexionar, siempre lo ha sido pero ahora hay herramientas y motivos más que suficientes: Just do it.
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7 respuestas a El debate del estado de la nación o El Corral de la Pacheca

  1. manuelribadulla dijo:

    Una pandilla de amiguetes que no quieren bajarse del poder y seguir chupando y aumentando sus corruptelas, ni más ni menos.

  2. Loreto dijo:

    Ya que vamos del quijote-personaje admirable donde los hubiera-hay un proceso político esperemos que de regeneración, ya que existen otras alternativas que no son las putrefactas conocidas, porque estos energúmenos de corbata tan mal habituados por nuestro consentimiento, siguen sin “bajarse de la burra”.
    Así que haciendo mención a esta obra insigne, saco ese personaje entrañable y confiado como Sancho cuando pregunta “Señor qué son los milagros??a lo que su señor le responde: Cosas amigo Sancho que rara vez ocurren!!!
    Y como somos un pueblo de utopías, esperemos que esta vez ocurra el milagro…
    Saludos.

  3. Loreto dijo:

    Que peligroso es “venga de donde venga”.
    Hay una serie de fuentes, pero me parece que el agua clara, es como en el desierto, muy escasa.
    Aparece una que por novedosa y currículum me entra pánico, sin embargo para compensar existe otra atinada, rigurosa y fiable, con mis bártulos hice estudio y me dio bueno.
    Como me fío de lo que investigo, lo tengo claro desde el principio, algo que nunca me había ocurrido.
    Tengo esa ventaja, desde hace tiempo oteo de quién debo fiarme y de quién no.
    Saludos.

    • Los cambios, vengan de donde vengan, son buenos, al menos los que provocan movimiento.Y está claro que cuando hablo de cambios siempre hablo desde las reglas de la democracia y el estado de derecho.Otros tienen que venir para que los que ya están, aunque no marchen,se vean en la imperiosa necesidad de modificar, cambiar enderezar. De lo contrario, los cambios ocuparán el lugar del que no quiere, precisamente, cambiar.

  4. Pingback: De nosotros depende | Demasiadas palabras

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