Un relato de cientos de veces

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Érase cientos de veces que un hombre, enfundado en su caparazón, ese que sólo le cubría los pies, decidió una vez más, enfrentarse a las olas. Obstinado y sin lógica humana que le amparara, con una humilde arrogancia digna de mención, pretendía surcar las entrañas de un mar bravo, sabedor que de nuevo, querían plantarle cara.

-¡Otra vez tú! ¿No te cansas de perderlo todo cada vez que quieres cruzarme? -espetaba con voz ronca un mar orgulloso, enérgico, casi endiosado.

Nunca. Mientras me quede aliento, intentaré cruzarte -decía el marinero.

No entiendo tu comportamiento. Has mal gastado todas tus fuerzas en intentarlo una y otra vez.

Y el marinero, como si no fuera con él, de nuevo, ponía su cascarón en medio de aquél  interminable y casi eterno mundo de agua. Iba ataviado, como siempre, con  los víveres necesarios para aguantar días, esos que necesita para llegar a su destino.

El mar, orgulloso, comienza a mostrar de lo que es capaz y como si de un tiovivo se tratara, empieza a  zarandear la barcaza en un errático vaivén de idas y venidas. El crujir de las endebles maderas lleva al marinero de un extremo a otro de la diminuta embarcación. El mástil, que tiene por vela una vieja camisa, se resquebraja en dos y las provisiones que con tanto esmero había preparado, salen despedidas por la borda, perdiéndose entre el oleaje.

Y mientras, el mar, lejos de mostrar clemencia ante ese hombre que estaba a punto de perder la vida, decide aumentar su cólera. De nada sirve que se agarre con fuerza a su cascarón. La barcaza se parte en dos y el marinero queda a merced, otra vez, del mar.

Agarrado a un tablón y casi moribundo, llega a la orilla, acompañado de un suave oleaje. Esta vez, el mar se ha compadecido, como siempre, y lo devuelve a tierra firme.

Sabes, marinero, a pesar de su obstinación, debo reconocer tu valentía y coraje.

robinson-35360_640Pero apenas se podía mover. Sus cuatro harapos mojados, su cuerpo boca abajo, hundido entre la fina arena y su cara, requemada por el sol, mostraban de nuevo el fracaso en su objetivo, al menos, eso pensaba el mar.

Mírate-dijo el mar- ni te aguantas. Un día de estos morirás y ¿para qué? ¿Por qué quieres cruzarme una y otra vez, si sabes que no lo conseguirás? Vas de fracaso en fracaso.

Al oír esa palabra el marinero, alzó la mirada y haciendo un esfuerzo, dibujo una sonrisa. El mar, no entendía nada .Y conforme pasaba el tiempo, la sonrisa era más amplia. Al final, con cabreo, el mar dijo:

-¿De qué te ríes?

El marinero se levantó y dijo:

Sabes, lo mejor de todo es que no tengo nada al otro lado. No me espera nadie ni tengo intenciones de moverme de aquí.

Definitivamente te has vuelto loco-dijo el mar.

Posiblemente, pero sabes, hay una cosa que has pasado por alto.

-¿Cuál?

Que cada vez que salgo, cada vez que me zarandeas y acabo medio moribundo tumbado en la orilla, te venzo sin que te des cuenta. Un ser insignificante como yo, plantando cara al todo poderoso mar.

Un silencio sepulcral inundó aquella pequeña playa y un cuerpo, el del marinero, quedó a merced de las olas, ya sin vida.

Y el mar entendió que aquél viejo, alocado y obstinado marinero, le  plantó cara con todas sus fuerzas, sin más motivo que el estar siempre ahí, sin importar cuan grande  sea el problema, sin más razón que intentarlo una y otra vez, a pesar de todo.

Autor: Jose Minguell

Fotos: http://www.pixabay.com

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Acerca de Jose Minguell

Observador, reflexivo,apasionado de todo y aburrido en nada. He visto cosas que vosotros no creiríais....es hora de reflexionar, siempre lo ha sido pero ahora hay herramientas y motivos más que suficientes: Just do it.
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3 respuestas a Un relato de cientos de veces

  1. Loreto dijo:

    Un claro y sencillo ejemplo de lo que es la propia vida…diaria. Héroes o fracasados de nuestro destino.
    Salut.

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