Un mar de brasas

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Hoy  hemos aparcado bien el coche, cerca del paseo marítimo. Se nota que el verano ha terminado. Menos gente, menos turistas, más sitio para nosotros. Una vez que dejábamos en la puerta de la residencia de la tercera edad a mi madre, para que diese la cena a mi abuela, es cuando empezaba nuestro paseo semanal. Eso sí, no sin antes ver cómo mi padre, abriendo el maletero y cogiendo un trapo, hecho con restos de prendas que andaban por casa, comenzaba a  darle un “repasito” al coche. Maletero cerrado, llaves en el bolsillo y a estirar las piernas. No somos los únicos, los vecinos del lugar hacen lo propio. A pesar de estar ya en otoño, la temperatura acompañaba. No así el cielo cambiante, que amenazaba  lluvia. Y ahí es cuando escucho, de nuevo a mi padre, hablando por lo bajini, quejándose por haber pasado el trapo a su Seat,ante la amenaza de las primeras gotas.

Paseando entre las callejuelas de aquél barrio de pescadores, un intenso olor a carbón provocó que me detuviera. En ese momento cerré los ojos y comencé a respirar tan fuerte como pude. Lejos de saber exactamente qué es lo que allí se estaba “quemando”,  lo que conseguí fue viajar en el tiempo unos cuantos años atrás, recordando las parrilladas en el pinar y los días enteros en bañador, jugando, poniéndome rojo como una gamba y deseando ir a la playa para arrugarme como una pasa por estar horas y horas dentro del agua. Pero la realidad es tozuda y un pequeño empujón de un transeúnte, me colocó rápidamente en mi andadura semanal.

De vuelta al coche, tocaba ir al paseo marítimo. Parece como si acabar la jornada cerca del mar, fuese de obligado cumplimiento. Nunca le había prestado demasiada atención hasta ese día, que fue cuando viajé años atrás a causa del olor a quemado de unas brasas. Mi sorpresa llegó cuando mi padre, sin haberle visto hacerlo antes, se quedó con la mirada puesta en las olas, sonriendo, posiblemente viajando al pasado para recordar. Igual que lo hago yo a día de hoy, treinta años después de ese último  paseo por aquellas calles del barrio de la Barceloneta. Esta vez ya sin él,  pero mirando hacia el mar, como lo hizo mi padre aquél día, mientras imagino ese olor que me obligó a recordar todo y para siempre.

Autor:Jose Minguell
Foto:www.pixabay.com

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Acerca de Jose Minguell

Observador, reflexivo,apasionado de todo y aburrido en nada. He visto cosas que vosotros no creiríais....es hora de reflexionar, siempre lo ha sido pero ahora hay herramientas y motivos más que suficientes: Just do it.
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