Raro, muy raro

Y me levanté, rápidamente, con vehemencia, sin dudarlo y sin sentido. Giré sobre mi propio eje corporal, intentando centrar mi  ridícula mirada, buscando sin saber lo qué.Pero no podía dejar de moverme, lo que hizo que me agachara cual junco, siguiendo con la mirada, la línea de las juntas de las baldosas del  suelo, sin cesar, sin parar y sin más espacio que el de la pared, que me obligaba a tomar una decisión complicada en ese momento: o terminar lo que había empezado y se presumía sin sentido o continuar con la historia frenopatica.

Tuve suerte, estaba solo y esto me calmó lo justo, lo suficiente, ya que lo absurdo, a solas, parece más liviano. Pero perdona, no puedo parar y continuo buscando, por las paredes, blancas, muy blancas, bueno no tanto, existe algún tipo de mancha, que por cierto tengo que pintar. Abro el armario y acaricio sin demasiado cariño a las prendas más gruesas y maltrato sin pudor al resto. Parece que no encuentro lo que busco  ya que sigo con el baile de san vito. Y ahora salto, salto sin parar y por mi altura rozo con el techo, muy cerca, demasiado y aterrizo sobre los calcetines y resbalo y me caigo pero reboto y vuelvo a ponerme de pie, erguido, sin piedad y sin sentido, para variar.

Aprovecho y me visto. Mientras voy escogiendo la ropa que me voy a poner, mantengo activado el piloto de búsqueda por el resto del piso. La cosa se complica ya que diviso platos sucios, muchos, demasiados, todos los del mundo y rezaba para que mi impulso psicótico de búsqueda, no le diera por dedicar mucho tiempo a esa parte de la casa, entre pilas y pilas de  tazas, platos y latas que allí había.

Dos horas después, y acabando de analizar el ultimo cacharro de ikea con nombre élfico, finalizo la búsqueda. Por lo que parece, poco exitosa. Nada diría yo. O eso creo, no lo sé, es todo muy raro. Giro de cuello y voy  al W.C., a la sala de estar, por toda la casa, por todos los lados, mirando no sé qué, queriendo encontrar vete tú a saber y preguntándome el motivo de todo. Si antes no estaba muy preocupado,  ahora empezaba  a estarlo y mucho .Hablo sólo, bueno contigo, y me contemplo  como si me viera fuera de mí. ¿No sabrás nada de todo esto verdad?

Me paro, y me quedo quieto ¿He terminado? Cojo las llaves y abro la puerta de la calle, bajo las escaleras y suerte tengo porque hay muchas y podría pararme a buscar también entre peldaño y peldaño. Tres horas después termino de bajar el último tramo de la escalera y cuando el desastre iba a perpetrarse por salir a la calle en ese estado  y por tener a mis pies todo un mundo que analizar, de repente me paro .Con serenidad, demasiada diría yo. También lo hice con pose, muy buena por cierto y pundonor, muy digno. Estaba orgulloso de mí. Complicado  después de todo el proceso vivido. Me giro y dirigiendo el dedo hacia el botón de llamada del ascensor, lo aprieto, sin dudar, sin vacilar. Ni fuerte ni  suave, eso sí, con decisión. Se abrieron las puertas, entré y volví a apretar el botón. Y mientras subía el ascensor mis cejas se arquearon, pareciendo comprender el motivo de todo lo que había pasado. Salgo del ascensor, subo las escaleras. Me restregó los pies desnudos por el felpudo, justo antes de introducir la llave que abrirá la puerta de casa. Dejo las llaves en el cenicero de la entrada  y pensando en voz alta,  dispuesto a contarte la causa de todo lo acontecido, entro en la habitación y mi sorpresa fue tan grande que tiró al traste mi explicación a todo esto. En la habitación estaba yo mismo, frente a mí, mientras me levantaba rápidamente, con vehemencia sin dudarlo y sin sentido, girando sobre mi propio eje corporal, intentando centrar mi ridícula mirada buscando sin saber lo qué.

Autor : Jose Minguell Calvo

Foto: http://www.pixabay.com

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INEVITABLE DICOTOMIA

No hay peor enemigo que aquél que se infiltra entre los suyos, mientras va corroyendo, como lo hace el ácido con los elementos, sin piedad y de manera inexorable. Los motivos, miles. Las consecuencias, terribles. La solución, nunca libre de polémica.

Una sociedad que  ha luchado por los derechos individuales, ahora se encuentra con una situación en la que debería comportarse como lo hacen los bancos de peces ante un gran depredador. Pero nada más lejos de la realidad. Muchos prefieren seguir por la senda de lo singular, como hasta ahora. Y es que trabajar en grupo se aprende, se enseña, se ensaya. Pretender  conseguir que ante un problema, nos comportemos de forma única, es como poner vallas al campo al primer intento.

Por otro lado, el enemigo infiltrado, sin saberlo, o eso quiero creer, está seguro de comportarse de manera genuina. Y hace alarde de su derecho firme a la hora de reivindicarse en  perpetrar sus acciones, por muy a contracorriente que parezcan, por antipopulares que sean. Y se me viene a la memoria lo de si no quieres caldo, toma dos tazas.

Estamos ante dos posturas antagónicas en las que todos perdemos. El sistema, por no adecuarse tan rápido como quisiera y el individual, que engalanado con vitolas de libertad, se autodestruye y nos arrastra a cada uno de nosotros  de manera inevitable.

Los “negacionistas “infiltrados, con objetivos vitales como celebrar fiestas, reunirse con quien quieren y llevar la mascarilla donde les plazca, se deben enfrentar a la mirada rabiosa del que cumple, como el pez en el banco y al pesar del atónito macho alfa estatal, que contempla cómo su fórmula mágica del éxito, pierde fuerza y coraje, tornándose completamente  estéril e inútil.

Y yo , voy  contemplando, de manera   anticipada, cómo quedará todo este entuerto en un futuro. Y miro que el daño que este virus ha generado, en parte, proviene de nuestro comportamiento. Y pienso en  si puedo confiar en la responsabilidad de la gente aquí y ahora, cuando en el pasado no eran capaces ni de ponerse una mascarilla por el bien de todos. Y dudo en dar mi confianza a los dirigentes que no eran capaces de mirar más allá de sus intereses partidistas, aromatizados con el perfume de la inoperancia.  Y renuevo los votos a la hora de constatar que el hombre, en demasiadas  ocasiones, es el lobo para el hombre. Mientras tanto, sólo me cabe esperar.

Autor: Jose Minguell Calvo

Imagen: http://www.pixabay.com

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Lecciones de vida


Si el tedio se llegó a convertir en la moneda con la que pagábamos  nuestro tributo por vivir, la incertidumbre es la vuelta que nos ofrece la vida, de la noche a la mañana, sin previo aviso.

La experiencia es necesaria en nuestro día a día. Permite regar nuestra zona de confort, marcando las directrices necesarias para saber qué hacer en cada momento. Pero nos ha tocado vivir entre terrenos inestables, que impiden  ahincar el pie con firmeza y decisión. Hoy  es la pandemia, mañana Dios dirá. Es por ello que  deberíamos aprender  la lección que saquemos de todo esto, preocupándonos en contemplar la luna, señalada por el sabio y no quedarnos absortos, mirando el dedo.

Estamos acostumbrados a navegar con seguridad, comprada o adquirida. No sabemos hacer otra cosa que planificar, a corto, medio y largo plazo: vacaciones, vivienda, vida. Y así debe ser a pesar de todo. Pero esta pandemia nos debe hacer creer en esos lemas ya tan desgastados como el carpe diem  que adquieren todo su sentido, cuando vemos pasar a la parca demasiado cerca y de forma tan multitudinaria. Muchos, no necesitan un mal apocalíptico para entender esto ya que sufren en sus carnes tragedias y calamidades que hacen que  lo que sucede hoy en día, sea un juego de niños. Pero si deberíamos ser conscientes que aunque nos parezca que la armonía es lo cotidiano, no es así. El caos lo gobierna todo y es por ello que deberíamos tener en cuenta que cada minuto es único y que todo puede doblegarse, como aquellos renglones torcidos de Dios.

Autor: Jose Minguell

Foto: Owensart  en  http://www.pixabay

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La vida sigue…igual

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Y me levanto, intentado olvidar estos últimos meses, raros, difíciles, excepcionales. Intento hacer vida normal, sabiendo que no es más que un engaño para facilitarme la nueva etapa en la que estamos inmersos. Relleno mi bote de hidrogel, busco la mascarilla e incluso cojo algún guante, por si acaso. Bajo por las escaleras. Intento no tocar nada. Las manetas de las puertas las sigo viendo como peligrosas. Y el aire me golpea, esta vez si, como siempre. Comienzo a caminar y veo a mi lado un grupo de jóvenes sin mascarilla. Y una familia al completo sin mascarilla. Y un par de ancianos con la mascarilla, pero mal puesta. Y me alejo lo suficiente para contemplar, como las terrazas están llenas con gente abrazándose, compartiendo riéndose y disfrutando.

Y vocifero para mis adentros y me pregunto si estoy haciendo el panolis, ataviado con mascarillas, siendo prudente y manteniendo las distancias. Y cierro los ojos y veo a miles de contagiados, miles de familias que han perdido a alguien por culpa de esta enfermedad. Y me apretó con más fuerza la mascarilla, sabedor de que hago lo correcto, alejándome de la complicidad de todos aquellos que no cumplen y que son culpables de lo que puede venir, de tanto sufrimiento y dolor.

Y ya es mañana y me levanto y relleno mi gel hidroalcohólico…

 

Autot: Jose Minguell

Imagen: http://www.pixabay.com

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Somos insolidarios

speech-2759550_1280En épocas convulsas, es cuando contemplamos  lo mejor del ser humano. Y esta pandemia así nos lo está mostrando. Pero también es cuando se ven las debilidades, las vergüenzas y las miserias más rancias.

Cada vez que observo a gente sin mascarilla, imagino la posibilidad de que alguien pueda contagiarse y enfermar. Me niego a pensar que quien no la lleva pretenda mal alguno a su prójimo.Pero recuerdo que millones de personas mueren al cabo del día por hambre, mientras los demás  compramos, reímos o lloramos sin hacer nada.

Podría ver el lado contrario y quedarme con los sacrificios de los sanitarios, de los ciudadanos de a pie, pero están muy presentes en mi cabeza  aquellos a los que todo les da igual. Pero no debo extrañarme. Si existe un poder judicial, es porque hay quien incumple. Si existen cárceles es porque alguien incumple. Si existen actitudes egoístas e insolidarias, racismo, machismo, homofobia y otro tipo de desigualdad, es porque somos así.

No nos engañemos, no pretendamos creer que nos comportemos como un todo solidario y armónico porque nunca lo hemos sentido así. Ni en crudos momentos como estos. Nunca predicar en el desierto fue tan veraz pero no por ello dejaremos de intentarlo.

 

Autor:Jose Minguell Calvo

foto: http://www.pixabay.com

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Veredas (2)

Huellas escondidas, semi enterradas, de aquellos que hoy aguardan silenciosos y expectantes, sabiendo que otros correrán su misma suerte. 

Veredas que se nos muestran vírgenes a nuestros ojos, inconscientes de que en el pasado y sin saberlo, fuimos atónitos pasajeros habituales.

Presentes moradores y testigos de historias que precederán, a los que aún están esperando su turno, deseosos y forzosos de recoger el testigo, necesario e irremediable de nuestro sino.

Y  paisajes, sicarios silenciosos de nuestros sueños, testigos de nuestra fugacidad, culpables de nuestras ansias de volar de aquí para allá.Nos acunan cuando los necesitamos y nos matan en su ausencia,  llorada, deseada, implacable.

Pero deja que mis emociones, descansen junto a ti. Te permito que espíes mis  recuerdos, esos  que me regalas cada vez que te ven mis ojos, cerrados o abiertos, durmiendo o expectantes.

Y no me cansaré de tocarte, aunque no estés junto a mí. Y no permitiré que mis botas olviden por donde asomaron, a su paso, descaradas, temerosas  y relucientes, a pesar del polvo del camino, a pesar del cansancio acumulado.

Y rezaré para que el  camino siempre quiera mostrarme mundos nuevos, de los que  escribo a los cuatro vientos cada vez que recuerdo, una y otra vez, futuros paisajes. De los que siempre viví, de los que nunca dejaré de buscar.

 

Autor:Jose Minguell
Foto: Jose Minguell
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Nuestra libertad

De allá para acá, buscando sin encontrar, pero queriéndolo  hacer, sin más. Rozándote con mí sombra hasta el amanecer, aquí y allí, contigo y siempre. Y subo, bajando y bajo sin moverme.

Soy el rey del mundo, ataviado con camiseta, corona de nubes y cetro de aire, del que cala hasta los huesos. Y voy y vengo y un abrazo desinteresado, se me antoja cada vez que te imagino.

Y arranco el motor que lleva a refrescarme, entre baños de verdes prados y azules cielos, tantos como veces he pensado en repetirlo. Y acariciar con la yema de tus dedos, las salpicaduras que limpian nuestros rostros, sucios de libertad.

Y vuelo, aunque no me mueva de mi rincón, y dibujo, sin más carboncillo que el tizne de las manos que recogen los brasas de esas hogueras de verano, de los solsticios y días de fiesta. Y bebo, en cada celebración que está por venir y ofrezco tus sonrisas  por donde voy, en cada gesto que regalo de mutuo acuerdo.

Y pongo rumbo a lo desconocido  y cotidiano, a pesar  de  túneles y  sombras,  de  palos y piedras. Pero no puedo perder un instante en caerme, porque te tengo cogida de la mano, mientras dibujamos curvas de paisajes infinitos, de los que caben en tan poco espacio, por no tener suficientes vidas para su disfrute.

Y cuando cae la noche, sigo despierto, cegado por las luces que hay en ella. Y pudiendo ser oscura, su brillo continúa señalando las veredas por las que mañana, cuidaré tus pasos. Esos que un día iniciaron su andadura, hasta el día de mañana. Ese que nunca acabará  y al que siempre  recordaremos, entre olvidos que nos acechan y recuerdos de nuestro legado.

Y no quiero volver, pero debo hacerlo, aunque no me haya movido más que por el mundo que tengo escondido, en mi rincón de pensar. Ese que dispone de billete para todo y para siempre. El que con deseo, se muere por tener impreso en su corazón, los destinos que siempre quiso llevar, tatuados en los más profundo de su ser.

 

Autor:Jose Minguell Calvo
Foto:Jose Minguell Calvo
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Agasajo

Salazón, embriagando a golpetazo, suave.

Descarado, entrando, acariciando, moviéndolo todo.

Espuma, que agasaja con efímera continuidad presente.

Reinado de masajes y volandas en círculo.

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Millas minúsculas, alejadas de casi todo.

Protestan coronadas, entre ida y venida.

Por nunca poder casi alcanzarlo.

Al ver, impasible siempre su  huida.

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Y mis ojos, añoran los tuyos en su recuerdo.

De cuando respirabas la misma sensación que ella.

Buscando querer, sin olvidar lo que no ha ocurrido.

Contemplando el poder, acariciando su huella.

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Aún llevándose su esencia, sin poder ni siquiera pedir.

Pudiéndolo todo dar, a cambio de nada.

Su agasajo por siempre estará, a resurgir.

Su presencia, aquí o allí, siempre otorgada.

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Autor: Jose Minguell Calvo
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Secretos(2)

¿Y si esta situación en la que vivimos, durará para siempre? Son horas, que lejos de parecer  lentas y tediosas, en ocasiones, pasan rápidas y prestas. Lo digo por haber iniciado cientos de veces esta reflexión y cuando he querido llegar a alguna conclusión, ya estaba metido en la cama, o arropándome o despertándome, sin respuesta clara.

¿Qué sucedería si tuviéramos que pasar el resto de nuestros días, encerrados, deambulando por el pasillo sin rumbo fijo ¿Cuánto tiempo más aguantaríamos el tener que hacer vídeo conferencias con los nuestros?  ¿Qué pasa si se nos  acaban los libros, o las películas?¿Deberíamos ser nuestros propios directores, escritores, compositores?

Por otro lado, imagino que sería cuestión de acostumbrarnos. O eso o morir en el intento de liberarse del confinamiento. Y reconozco que es demasiado “peliculero”, el hecho de que si sales, mueres, pero seguramente sea la postura más sensata  para concienciarse de no hacerlo. Aunque es irónico que hable de sensatez cuando estamos encerrados por un virus. Si señores, uno de esos que aparecen  en la series, películas o libros.

¿Y si Darwin viera todo esto? ¿Con los años podríamos haber cambiado lo suficiente como para convertirnos en una evolución capaz de pasar su vida encerrados entre cuatro paredes? Puede incluso que la evolución no sea física y si mental. Podríamos estar ante un desarrollo total de nuestra inteligencia, psique o alma. Haríamos sin hacer, viajaríamos sin movernos, seríamos sin ser. ¿Interesante? Me preocupa. Quizá esté dando el primer paso hacia esa evolución. O quizá necesite una reconstrucción de mi reflexión, ya que no he tenido en cuenta algo tan esencial como las “impepinables” necesidades básicas: Puedo viajar sin moverme del sitio. Puedo crear desde la hoja en blanco, pero no puedo disfrutar de un buen ágape sin viandas.

Autor: Jose Minguell Calvo

Foto: Jose Minguell Calvo

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Despertares

Suena, otra vez, como cada mañana. Todo parece ser normal. Debería levantarme como siempre lo hago, pero últimamente cuesta cada vez más. En pocos segundos, recuerdo cómo me acosté la noche anterior y es  entonces cuando el paso se vuelve más alicaído, hacia un cuarto de baño en donde el espejo, sigue contando, más si cabe, lo que acontece. Pero si quieres que te diga la verdad, poco parece importar.

Cafés que no despiertan como antes, desayunos que no endulzan, noticias que no dibujan sonrisas, relojes perezosos, casi moribundos.

Hasta las gotas que quedan impregnadas en nuestra piel tras la ducha, no parecen ser las mismas. No refrescan, no limpian, no calman nuestras carnes, cada vez más endurecidas, cada vez más cicatrizadas.

Ni el alimento alimenta, ni las sobremesas rellenan esos espacios que buscábamos con aquellos  que a día de hoy, saludamos en la lejanía, imaginamos en el recuerdo, vemos en nuestros sueños.

Y de nuevo cae la noche, como si se tratara del mismo lucero del alba, mostrándonos el camino por el que transitamos, sin más luz que la de la esperanza, si más guía que la de nuestros deseos.

Y toca volver a enfundarse el traje de soñar. Es hora descansar de tanto cansancio acumulado, a ojos de nuestro espíritu, a vista de pájaro permanente.

Y despierto otra vez, como cada día, pero no oigo nada. Noto una calidez que hacía tiempo que no tocaba con la punta de mis deseos. Me levanto y mi ventana vuelve a mostrarme el mundo tal y como lo conocía. Y vuelvo a endulzarme  y sentir las gotas sobre mi piel mientras las agujas del reloj, empiezan a moverse al son que lo hacen mis ganas de despertar de todo esto.

Autor: Jose Minguell Calvo
Foto: Jose Minguell Calvo
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