No sé tú, pero depende de ti.

my-wayCarta publicada en edición papel y digital el 11 y 12 de Diciembre en El Periódico de Cataluña

No sé si tú eres asiduo de las rondas barcelonesas. Esa carretera que rodea la ciudad, en donde la velocidad suele estar limitada a ochenta kilómetros/hora. Algunos tramos, incluso a sesenta. No sé tú, pero cada vez me quedo más atrás, mirando pasar a vehículos rojos, azules, grandes y pequeños, bonitos y feos. Y no es que no quiera llegar antes a mi destino, o no tenga prisa, es que intento cumplir con la norma, en beneficio de todos, aunque en ocasiones me fastidie. No sé tú, pero me gustaría que esta vez, sin que sirva de precedente, estuviéramos de igual a igual, de tú a tú. Pero para ello, tendrás que respetar el límite de velocidad y asumir que tal vez seamos los últimos de todos. Pero, por algo se empieza, ¿no crees?

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Charleston

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Rojo encarnadísimo envolviendo algo más que el alma.

Y quizá no sea tan rojo, pero puede que me cubra hasta el infinito.

Acordes entre bombines y bastones chasqueando hasta el alba.

No sé, no me atrevo, pero no puedo parar de seguir su norma, su rito.

———

Me escondo en su cueva de ruidos y lentejuelas, sin parar de moverme.

Parece que estoy en el lugar ideal para el que no quiere jaleos.

Pero espere, páreme, esto es un sin vivir y no tengo el gusto de conocerle.

Aunque  ha sido un placer poder bañarme entre sus piruetas, contorsiones e himnos.

——-

Es hora de marchar de este antro de locura y auténtico ritmo.

Quizá en otra vida coincidamos de nuevo, quizá, en el mismo sitio.

Puede que venga tapado, engalanado, de incognito, no le especifico.

Pero prometo regresar, caminando o escribiendo, siempre desde mi lugar favorito.

 

Foto: http://www.pixabay.com
Autor: Jose Minguell
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Vivienda: La saga del eterno retorno. (Publicado en El Periódico de Cataluña)

my-wayArtículo publicado en El Periódico de Cataluña 12 Diciembre 2017

Y van unos cuantos. Si, ya son varios renglones dedicados a lo mismo y estos me confirman que nada de tropezar dos veces sobre la misma piedra ni gaitas. El eterno retorno se ha instalado entre nosotros: el precio de la vivienda sigue subiendo. Y sin ser yo muy de toga a ciertas horas de la mañana, me pregunto: ¿Hay mejora real de la economía? ¿Es normal que tengamos que empeñarnos para acceder a una vivienda cada vez más cara? ¿Han subido los sueldos a la par que las cuatro paredes? ¿La estabilidad laboral es tan segura como para hacer frente a una hipoteca con un mínimo de garantías?

Creo que más que un estudio económico filosófico, tendrían que incluirnos en alguno de los programas de Iker Jiménez: España es el único lugar del cosmos en donde, pase lo que pase, la vivienda, con el tiempo, es un valor seguro. Para el que la tenga, claro está.

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Escapes

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El ruido de la ventanilla cerrándose, invitaba a pensar que el aire ya empezaba a ser más frío. Se notaba el cambio del paisaje gris asfáltico al multicolor campestre. De fondo una canción  que sonaba una y otra vez. Sin duda era especial. Las vistas, tan espectaculares como lejanas, acompañaban a la banda sonora de su vida. Era idílico. Quizá demasiado y posiblemente pretendido.

La carretera se adentraba en el bosque, que en esta época del año, regalaba matices de colores por doquier. Incluso el  coche hacia demasiado ruido para tanta paz. Era momento de parar el vehículo. La canción seguía sonando.

Pues ya está. Otra vez aquí. Siempre que me alejo buscando paz y todas esas cosas bucólicas que tanto me gustan, es por lo mismo.

-Ya, últimamente hablamos demasiado.

-Más que hablar, diría que me flagelo, de forma continua, por todo, sin tregua y eso acaba cansando.

-Si pero ¿qué quieres hacer?

-No lo sé, de verdad.

El silencio lo envolvía todo. Tan sólo algún que otro pequeño manotazo en el volante, impedía que la canción sonara como lo había hecho las últimas quince veces.

-¿A caso no sabía de antemano que esto podía ocurrir?

-Claro que lo sabíamos pero hay cosas que son inevitables. No puedes, por mucho que quieras, hacer lo que se te pase por la cabeza. Los sueños, sueños son.

-Pero dime, ¿No vale la pena intentarlo? ¿Qué es la vida sino eso?

-No sé si vale la pena, pero aquí estamos, discutiendo como siempre, intentando dar con la respuesta ante algo que en la teoría coincidimos pero en la práctica no hay forma posible.

La canción terminó. El silencio era absoluto. Mientras tanto él, inclinándose hacia la guantera, la abrió y cogió una agenda y un bolígrafo. Se reincorporó al asiento y pudo contemplar como el último rayo de sol, le iluminaba el rostro.

Demasiado bonito-dijo en voz alta.

Y de nuevo, la música empezó a sonar mientras perfilaba  renglones y letras encadenadas, de esas que intentan apaciguar el espíritu, de las que buscan consuelo en su lectura.

Esto es lo que le pasa a quien quiere huir del mundanal ruido, escapando de todo y de todos, hablando consigo mismo, pensando en voz alta y preguntándose cómo ha podido llegar a encontrarse ante esa situación, otra vez. Mientras tanto, “escribimos renglones encadenados”, hasta la próxima ocasión.

 

Autor: Jose Minguell
Foto: http://www.pixabay.com
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Relativa

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Relativa a todo, retorciéndose entre cuerpos y almas. Cubriendo lo escondido, acariciando los sótanos de la ciudad, del hogar, del mundo, esperando a caer a plomo sobre nuestras cabezas. Diosa mundana, menospreciada por sus súbditos. Pecadora con terribles ansias de grandeza, queriendo ser reina de los mares, te conformas con ir cayendo, deslizándote entre múltiples formas, de aquí y de allí.

Eres la que prepara el camino del agua, la venerada por los que buscan saciar su sed, perdidos entre nubes secas. La odiada por los ahogados entre infinitas gotas multiformes, de colores y sabores variopintos. Eres y no eres, estás y desapareces, te quiero y te odio.

En ocasiones empapas mis inquietas botas que buscan frescura entre verdes y ocres tonalidades que fletan los caminos por los que transito. Pero también empañas los cristales de mis preocupaciones más angustiosas, tapándolo todo, impidiendo ver más allá de los dibujos que trazo con mi dedo, entre ventana y ventana.

Te siento, sé que estás a mi lado, pero nunca apareces cuando te lo pido. Me tapo, aunque no quiera. Me abraso a tu merced. Eres esquiva, agradable e inesperada, torpe y liviana, no escatimas en recorrer mil mundos a la vez. No entiendes de idiomas ni de gritos. No te preocupa si provocas accidentes o si das vida. Eres tan poco visible como relativa, humedad.

Autor: Jose Minguell
Foto: http://www.pixabay.com
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Un mar de brasas

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Hoy  hemos aparcado bien el coche, cerca del paseo marítimo. Se nota que el verano ha terminado. Menos gente, menos turistas, más sitio para nosotros. Una vez que dejábamos en la puerta de la residencia de la tercera edad a mi madre, para que diese la cena a mi abuela, es cuando empezaba nuestro paseo semanal. Eso sí, no sin antes ver cómo mi padre, abriendo el maletero y cogiendo un trapo, hecho con restos de prendas que andaban por casa, comenzaba a  darle un “repasito” al coche. Maletero cerrado, llaves en el bolsillo y a estirar las piernas. No somos los únicos, los vecinos del lugar hacen lo propio. A pesar de estar ya en otoño, la temperatura acompañaba. No así el cielo cambiante, que amenazaba  lluvia. Y ahí es cuando escucho, de nuevo a mi padre, hablando por lo bajini, quejándose por haber pasado el trapo a su Seat,ante la amenaza de las primeras gotas.

Paseando entre las callejuelas de aquél barrio de pescadores, un intenso olor a carbón provocó que me detuviera. En ese momento cerré los ojos y comencé a respirar tan fuerte como pude. Lejos de saber exactamente qué es lo que allí se estaba “quemando”,  lo que conseguí fue viajar en el tiempo unos cuantos años atrás, recordando las parrilladas en el pinar y los días enteros en bañador, jugando, poniéndome rojo como una gamba y deseando ir a la playa para arrugarme como una pasa por estar horas y horas dentro del agua. Pero la realidad es tozuda y un pequeño empujón de un transeúnte, me colocó rápidamente en mi andadura semanal.

De vuelta al coche, tocaba ir al paseo marítimo. Parece como si acabar la jornada cerca del mar, fuese de obligado cumplimiento. Nunca le había prestado demasiada atención hasta ese día, que fue cuando viajé años atrás a causa del olor a quemado de unas brasas. Mi sorpresa llegó cuando mi padre, sin haberle visto hacerlo antes, se quedó con la mirada puesta en las olas, sonriendo, posiblemente viajando al pasado para recordar. Igual que lo hago yo a día de hoy, treinta años después de ese último  paseo por aquellas calles del barrio de la Barceloneta. Esta vez ya sin él,  pero mirando hacia el mar, como lo hizo mi padre aquél día, mientras imagino ese olor que me obligó a recordar todo y para siempre.

Autor:Jose Minguell
Foto:www.pixabay.com

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Desde mi cueva

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Desde mi cueva, respiro por si acaso, saboreando sin gusto, bebiendo sin boca. Desde su interior, voy saludando, sin que nadie  entienda porqué ni hacia  donde.

Y  pinto sin más tiza que unos dedos queriendo tocar un sol que se esconde, a pesar de estar ahí. Que se aleja, aunque me abrase la piel.

Desde aquí, desde donde me siento, acumulo deshechos de unos y de otros y olvido sin son míos o de alguien que se está haciendo pasar por mí.

Y alzo la mirada para saber dónde estoy,  pero el eco de mi sombra es tan alargada que lo que veo no me resuelve nada. Y vuelvo a mirar una y otra vez.

Desde mi cueva me protejo de la lluvia cuando no llueve y me resguardo del frío cuando hace calor.Va conmigo a todos los lados, a pesar de todo, a pesar de nada.

Y mientras duermo, sueño que en mi cueva, la luz entra por los resquicios de sus paredes, inundando cada uno  de los escondites que habitan allí,rellenando espacios desocupados.

Y sueño que sueño y vuelvo hacerlo porqué veo que mi cueva,  está  cada vez más repleta de las luces que interrumpen mi viaje, mientras duermo, acostado, de pie, andando.

Pero acércate, ven y entra .Que no te engañe su forma ni su contenido. Que no se confundan tus sentidos con su nombre. No pases de largo y siéntate junto a mí. Y alza la mirada para saber dónde estamos. Y sueña que soñamos, mientras la lluvia nos cala hasta los huesos .Y sal junto a mí desde el fondo de sus entrañas. Vayámonos de nuestra cueva.

 

Autor: Jose Minguell
Foto: http://www.pixabay.com
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